“Si somos capaces de reconocer los malos pensamientos antes de que se conviertan en odio, nos resultará más fácil controlarlos. De este modo, no corremos el riesgo de reprimir nuestro enojo y de que se convierta en rencor. Controlar el enojo no es lo mismo que reprimirlo.Esto último lo hacemos cuando ya domina nuestra mente, aunque no lo reconozcamos. Pretendemos no estar enfadados y controlamos nuestras acciones, pero no el odio propiamente dicho. Esto es peligroso porque el enojo continuará creciendo en nuestra mente hasta que un día termine desbordándose.
”Gueshe Kelsang Gyatso
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